Todas las personas que toman transporte público habitualmente, tienen algún favorito. Yo tomo tren, colectivo y subte.
El tren tiene la ventaja llegar a destino en pocos minutos. Excepto que tenga algún desperfecto, que incendien alguna estación, que algún idiota haya cruzado la barrera baja con el auto y lo hayan arrastrado diez cuadras como a Marti y Jennifer en Volver al futuro III, o que alguien se haya suicidado. En cualquiera de estas circunstancias, tu viaje de 20 minutos va a durar hora y media, como mínimo.
Otra de las características del tren que yo tomo (no así en los trenes “para gente bien” de zona norte, esto no cuenta en esos) es que su interior es una aventura. La puerta es como Star Gate, una dimensión desconocida. Podés ver cosas como esta, o como esta (cada vez que lo veo tengo que bajar la vista y subir el volumen del mp3 para no escucharlo porque me empiezo a reir) y toda clase de especímenes y cosas extrañas. Incluso he estado en situaciones dignas de película de acción, con armas y todo. Cuando se me pasó el julepe, me quedé con una anécdota interesante. Viajar en el Sarmiento es divertido.
El subte es re aburrido, y si bien es práctico, jamás sería mi transporte favorito.
Y bondis, bondis hay miles. Mis preferidos son el 166 y el 1, porque entre los dos, hago un combo mágico y llego a cualquier punto de la ciudad de Buenos Aires, tanto Capital como provincia. Ventajas frente al tren: los tomo a una cuadra de casa, para el tren tengo que caminar 15, casi seguro que no se quedan a mitad de camino, pasan a toda hora de la noche, cualquiera de sus ramales me sirven y es más posible viajar sentado. Desventajas: es más caro, tardan más, se necesitan más monedas.
Un post re inútil, sin sentido ni gracia, pero tenía ganas de hablar del tema.
