O a la mayoría de la gente le pasan estas cosas y las toma como normales y yo hago escándalo por pavadas, o realmente me rodea un submundo.
Mi amiga María regresó de sus vacaciones fantásticas, de las que no me contó nada porque llegué tarde a la reunión y ni vi las fotos. Los motivos de mi llegada tarde los expondré en otro momento, porque están tan cercanos que ni puedo detectar lo gracioso.
Como ya era tarde y nadie quería llevarme ni dejarme caminar las siete cuadras que separan mi hogar del de María, hube de tomar un remis. Cinco módicos pesitos por siete cuadras. No hay negocio para el viajante, pero ese también es otro tema. Llegamos a destino, le voy a pagar al señor remisero, y sucede lo siguiente:
Señor Remisero (no vi su rostro, pero era pelado y parecía de unos treinta y cinco años): Esperá, ¿Te puedo hacer un jueguito antes que te bajes?
Señorita Zurda (temerosa, pero calculando que si gritaba fuerte, sus amigos la escucharían desde la casa) : Sí, claro.
SR (sacando una caja de la guantera): Es un jueguito que estamos probando, es un momentito nada más (se apura y saca de la caja un mazo de cartas de póker con el paquete bastante vaqueteado ¿es baqueteado o vaqueteado? ¿hay reglas ortográficas para palabras vulgares?)
SZ (habiendo pasado el temor inicial y casi feliz ante la sospecha de estar frente a un ser extraño que le daría un momento bizarro digno de ser relatado): Está bien, dale!
SR (con el mazo en la mano, y visiblemente nervioso): Elegí la carta que más te guste y mirala (extendiendo el mazo hacia SZ), ¿la miraste bien, la recordás?
SZ: Si, listo (era el 9 de corazones)
SR: Bueno, ahora pasamela, yo la vuelvo a meter en el mazo, mezclo, y charán! Tu carta. (Sale volando la carta, perdiéndose en las inmensidades del asiento delantero, ante lo cual SR se ve obligado a deslizarse por él, abrir la puerta y rastrear hasta encontrarla) Acá está ¿era esta?
SZ: Sí, ¡que bien!
SR: Bueno, gracias por el tiempo, buenas noches.
SZ: Buenas noches.
E inmediatamente ingresé en la casa de la María, que ya me tenía la puerta abierta de par en par.
¿Saben qué fue lo más loco de todo? Que vi el truco, porque tenía como un hilito muy finito, pero por la forma en que la luz de la calle entraba en el auto, se veía. Arruinó la magia.
