El sábado a la tarde fuimos con una amiga, su novio y un amigo, al Unicenter (también al Soleil, y a otra cosa que está frente al Soleil, que venden artículos deportivos y de camping).
No fue gran cosa, y por estar en el shopping nos perdimos la pileta. Pero lo bueno fue que me di cuenta que no soy tan frívola como postée antes… hay gente que es mucho peor.
Ella y yo teníamos apuro porque teníamos cuenta pendiente con el patio de comidas, y a posteriori con la pile. Casualmente, estábamos vestidas con ropa análoga: la bikini debajo, en pollera de jean, remera blanca y ojotas verdes.
No teníamos un cospel (excepto el reservado para la comida) y nos aburre mirar vidrieras. Nuestra situación era comprometida. Los vendedores nos miraban mal, y nuestros acompañantes, peor. Éramos los maridos del grupo, de esos que se aburren de esperar a la mujer mientras se prueba ropa, de los que se quedan afuera con las bolsas, mientras miran a las otras mujeres pasar. Ella y yo éramos así. Esperábamos afuera, o a lo sumo entrábamos cuando sabíamos que adentro había un gran sillón, como en Etiqueta negra. Y también mirábamos a las mujeres, pero de admiración. Es imposible que nosotras estemos así de hermosas después de tener hijos. Ella y yo, definitivamente no.
Finalmente, cuando ya los muchachos habían entrado a todos los negocios, nos dejaron ir a hacerle justicia al patio de comidas. Pero nos quedamos sin pileta.