Estoy demasiado indignada con la sociedad mediocre argentina, que no puedo escribir sobre el tema, ni contarles lo bueno que estuvo el recital que cerró Ozzy ayer.
Qué vigentes están las palabras de Carlos Marx.
Estoy demasiado indignada con la sociedad mediocre argentina, que no puedo escribir sobre el tema, ni contarles lo bueno que estuvo el recital que cerró Ozzy ayer.
Qué vigentes están las palabras de Carlos Marx.
Me voy de vacaciones dejando todo en orden.
Vuelvo y el país está en llamas y el trabajo es un caos.
Para colmo, no dejan de llegarme mails pidiendo ponerse remeras verdes, ovejas en el nick del msn, y otra sarta de ridiculeces. Si recibo otro mail más que diga “apoye al campo”, me cuelgo de una cruz de asador y pido que me cocinen a fuego lento.
(Editado el 19 de abril…)
En vistas de que mucha gente llega hasta aquí intentando saber qué es una retención, les dejo algunos textos que me parecieron interesantes, y que creo que aportan algo por sobre la sarta de pavadas que decimos todos antes de cambiar de tema y hablar del clima.
Igual primero quiero hacer algunas aclaraciones. En primera instancia, que no me hago cargo de lo que digan las páginas que les paso, sí digo que las elegí a drede, pero no que esté de acuerdo con todas ellas o con todo su contenido.
Por otro lado, quiero exponer mi opinión sobre algunos puntos del discurso que se maneja con los temas económicos que me sacan de quicio.
1.- Lo “racional y verdadero” no existe. No hay una verdad absoluta, ni hay una medida económica que sea más racional y neutral que otra. NINGUNA POLÍTICA PÚBLICA ES NEUTRAL, y TODA POLÍTICA PÚBLICA ES RACIONAL. Pero digo racional en el sentido de que no está improvisada, sino que busca beneficiar a un sector en particular, aunque parezca lo contrario. Y siempre tiende a perpetuar el sistema capitalista, aunque toda la burguesía salga a decir que los están perjudicando.
2.- El bienestar general, el bien común, es mentira. No hay bien común en un sistema que por su propia naturaleza excluye a la mayor parte de las personas que lo alimentan, un sistema al que le sobra gente, trabajadores que va dejando en la calle… un gigantesco ejército industrial de reserva. Un sistema que, si no fuera por las medidas que muchos consideran “zurdas”, se aniquilaría a sí mismo. Ahí aparece el Estado, que tiende a preservar a la clase trabajadora (que es la que hace que el sistema pueda funcionar) para que la burguesía no la mate con su afán de ganancia. O sea que todas las medidas que se consideran perjudiciales a nivel individual, son necesarias para la continuidad del capitalismo (Esta es mi explicación favorita de por qué el Estado de Bienestar es el más capitalista de todos). Así que cuando alguien dice “bien común”, o “todos vivimos del campo”, está mintiendo. Yo no vivo del campo, el campo a mí no me regala nada. Excepto que debamos agradecerle que por la fuerza de la oligarquía terrateniente, nunca el país tuvo una politica industrial seria, y hoy somos el último orejón del tarro.
3.- Esto es simplemente una suposición, pero no creo estar errada si digo que el impuesto a la retención disminuye la ganancia (en el caso de que no pueda contemplarse en el costo del producto, porque aumentarlo sería perder competitividad en el mercado internacional), pero una ganancia que ya es extra-ordinaria porque el precio de la tonelada está muy por encima del costo, y no son sino los movimientos mercantiles y financieros los que generan esto, ya que no se le agrega ningún otro valor al producto. Así, si hoy la tonelada sale (supongamos, no tengo idea cuál será la cifra) 500 U$S y mañana sale 550 U$S, el exportador no habrá agregado nada a su soja, pero el mercado le está pagando un “extra” de 50 U$S, entonces el Estado va a cobrar un poco más de retención (que por algo son móviles, depeden del precio de la tonelada).
4.- Veo en todo este conflicto, un problema de clase que no se quiere aceptar como tal. Un tipo que tiene millones de hectáreas NO es lo mismo que un pequeño arrendado. Un campo en Córdoba no es lo mismo que uno en Chaco. Un peón no es lo mismo que un dueño de la tierra. Uno acumula millones, el otro no; uno sopla y sale soja, y al otro se le inunda hasta la cocina; uno es pobre, el otro no.
http://criticadigital.com.ar/tapaedicion/diario_25_entero_web_web.pdf
Ver en “Páginas” de este mismo blog
La protesta agraria y la política de los revolucionarios
Comunicado del MOCASE
Comunicado de MCC
Opiniones- Conflicto del campo
Sobre la ganancia
Creo que con estos links ya se pueden ver un análisis con algunos detalles de color del día después del discurso de Cristina, la opinión de un trosko, y las vivencias de organizaciones que no salen en la tele ni en los medios masivos. En cuanto encuentre algo más interesante lo cuelgo.
Si siempre hablo de la Bizarren, esta vez debo recomendar la Fiesta Afrolatina. Es, por supuesto, otro tipo de evento.
Amigo Tincho, espero sus comentarios sobre el tema, ya que seguramente sabrá promocionarla con mucho más ahínco que yo.


Es fundamental que todos lean lo que escribió Mauro hoy. El final.
Eso se llama Educación, debemos aprender de sus tácticas si queremos construir la Revolución algún día. Aunque, claro está, los preceptos no deberían ser los de este muchacho, en tal caso sería una técnica mal utilizada.
Miren el post o no van a entender.
(por si lo enganchan otro día, el post se llama “100% lucha”)
La noche del viernes fue bizarra. Desde que empezó hasta que terminó.
Fui a ver a Iron Maiden, que estuvo increíble.
Después fui a ver a Pablito Ruiz.
Y terminé hablando con el chico del Mc Donald’s de Haedo sobre la explotación laboral.
Tendría que hacer una descripción pormenorizada de lo que fue Maiden, pero son muchas cosas de las que iba tomando nota mental y no creo que recuerde ni la mitad. Para empezar, los personajes que rondaban ese estadio eran, como ya me habían adelantado, gente que uno cree que ya no existe más, pero se ve que si. Y no hablo de las camperas de cuero y las tachas, ni siquiera del pelo largo. Algunos parecían salidos de “El mundo según Wayne”.
Después había de todo, como siempre. Hasta una nenita (año y medio máximo) sacudiendo su cabeza como la más metalera, vestidita de rosa. Eso, y el de la remera de Almafuerte que estaba a mi lado, que se enojó cuando flamearon las banderas inglesas (bastante ridículo su enfado), fueron los destacados de la noche. Y un Wayne de un solo diente, pero no quiero recordarlo…
Hace tiempo que no la pasaba tan bien en un recital, el público por si solo era un espectáculo, pero además Iron Maiden dio un verdadero show. La escenografía, las versiones de Eddie, incluyendo el robot, el vestuario, todo impecable. Los temas que, a mi juicio, hicieron estallar el estadio fueron Fear of the Dark y Run to the hills. 666 llegó muy temprano y The Trooper puso a los nacionalistas de mal humor.
Y hasta ahí llega mi juicio sobre el recital, ya que soy novata y no quiero arriesgar burradas sobre el tema.
Después tomé el tren, y desembarqué en lo de María, donde recibí aplausos por bizarra. Comí algo (léase: todo lo que encontré a mi paso) y partimos a la fiesta Bizarren. Un asco total, pero todo sea por mi amiga. La fiesta, por supuesto, bizarra como siempre. Entramos sin dificultad, lo cual nos pareció llamativo porque en la semana, como ya les conté, no quedaban entradas anticipadas y City Hall es mínimo.
Mario Sapag, el Susano de Duro de Domar, y Pablito Ruiz, las presencias destacadas. Al salir nos tomamos fotos con unos señores policías y con un pelado que tenía un tatuaje en el brazo que decía “Yésica” en cursiva.
Nuestro estómago quería más comida, y nos detuvimos en el Mc Donald´s para comprar hamburguesas. Como no había (al parecer la carne a esa hora es una decisión del gerente de cada sucursal, y el de Haedo quiere tostados) nos quedamos hablando con el chico de la ventanilla sobre la explotación laboral y cómo en esa empresa te capacitan para ser un incapacitado.
Por eso, cuando venga la Revolución, vamos a socializar la comida de Mc Donald’s, pero sin hacer que los empleados sean infradotados. Es más, podríamos reemplazar a Ronald por Eddie. Y guay que sonrían cuando te dan tu pedido.

Si bien yo no iba a acudir porque mañana es el recital #1 del mes de marzo, como soy la más buena fui al ticketek más cercano a sacar entradas para que mis amigas puedan ir al a Bizarren, a realizarse en City Hall.
Y no había más entradas. Así que si ustedes pensaban ir a ver al mítico Pablito Ruiz, no van a poder excepto que ya tengan sus entradas en la mano.
Hoy, antes de escribir un post sobre las mariposas y toda la jarana, debo dedicar uno a mi amiga María Carolina.

“Hay más postales y papeles de Féliz, que guardo en una carpeta de tapas amarillas. Por fuera escribí su nombre, y a veces ocurre que al encontrarla de casualidad me asalta una ansiosa amargura, un sentimiento en el que se mezclan la impaciencia por recibir de improviso otro sobre delgado y la decepción de saber que las cartas llegadas hasta ahora son la mínima parte de una situación oculta; una parte, es cierto, que no fue concebida como indicio, como muestra a pequeña escala de una realidad dada, sino como un fragmento que en lugar de señalar busca ocultar, en todo caso confundir, semejante al grano de arena, por minúsculo, que hace olvidar la cantera. Así es como recibo y guardo los mensajes de Féliz, aunque no puedo saber cómo él los manda. Ya dije, soy capaz de imaginarlo mientras elige sin preocupación alguna postal gratuita, apenas distraido cuando la escribe y casa olvidado por completo en el momento de mandarla. En cualquier caso debe mantener un alerta, pienso, un residuo de energía cerebral que le anuncie a su conciencia, en un futuro indeterminado, que de nuevo llegó la hora de remitir otra esquela para anunciar que a primera vista todo sigue en su lugar- una de esas premisas muy generales que respaldan nuestra olvidada existencia…” (Chejfec: 2004)
“Los incompletos” es una obra de Sergio Chejfec de pocas páginas, pero que lleva su tiempo leer. Un amigo despide a otro que va camino a Europa en barco. Con cierta frecuencia, recibe postales que envía desde distintas partes del continente. Como las postales difícilmente descubren algún sentimiento ni algún dato sobre su vida en aquel lugar, H se ve obligado a imaginar.
Una situación de mi vida me hizo compenetrarme más con el libro, justo en el momento indicado. Todas las personas damos datos incompletos a los demás, no hay forma (aunque en vez de postales escribamos extensas cartas) de que se sepa exactamente cómo uno está, las condiciones del lugar en que se encuentra. Así, nos vemos obligados todo el tiempo a completar lo que no nos es dado. Pero a veces, nos sucede que no podemos hacerlo, porque no tenemos la imaginación de H, o porque nos da miedo descubrir.
Estaba yo sentada en el tren, un sábado por la noche, y mientras pensaba en nimiedades, observaba todo lo que estaba a mi alrededor. Velez había jugado de local y así lo demostraba la cantidad de camisetas que se veían, mucha gente regresaba a sus casas después de largos días laborales, otros empezaban su salida de fin de semana. Me sorprendió la cantidad de adolescentes que viajaban, el tren es en general un transporte “para mayores de 18″, por lo menos si no viajan acompañados.
Particularmente, observé los movimientos de tres hermanos de entre 7 y 15 años, nene, nene, nena respectivamente (al menos en apariencia). Se movieron bastante alrededor del vagón, y en uno de los movimientos, el nene grande dejó una bolsa en el estante que hay dispuesto para tal fin. A las dos estaciones se bajaron.
El tren se fue vaciando, hasta que no quedaba gente de pie. Entró un chico con el pelo del lado izquierdo largo y verde y la mitad derecha rapado, se sentó un señor de unos cuarenta años donde antes habían estado los chicos, y unos nenes que juntaban latitas se peleaban y lloraban por un pedazo de hilo del que envuelve la pizza (sin duda ese había sido su anterior uso).
En la siguiente estación, se baja el señor que estaba donde antes habían estado los chicos, y como quien no quiere la cosa, toma una bolsa que estaba en el estante dispuesto para tal fin. Sale del tren con el paquete en la mano. ¿Qué contenía? ¿Sabía él que iba a estar ahí, esperándolo? Y si lo tomó sin saber nada… ¿Tendría forma de devolverlo? ¿Si era así, lo devolvería?
Miles de circunstancias son posibles a partir de la toma de la bolsa ajena, pero no soy capaz de arriesgarme a imaginar ninguna. Es difícil completar.
Ha finalizado la promesa por la cual se me vedaba el consumo de alcohol.
No fui yo quien le dio fin, sino mi copartícipe, el Straight Edge de cotillón.