La noche del viernes fue bizarra. Desde que empezó hasta que terminó.
Fui a ver a Iron Maiden, que estuvo increíble.
Después fui a ver a Pablito Ruiz.
Y terminé hablando con el chico del Mc Donald’s de Haedo sobre la explotación laboral.
Tendría que hacer una descripción pormenorizada de lo que fue Maiden, pero son muchas cosas de las que iba tomando nota mental y no creo que recuerde ni la mitad. Para empezar, los personajes que rondaban ese estadio eran, como ya me habían adelantado, gente que uno cree que ya no existe más, pero se ve que si. Y no hablo de las camperas de cuero y las tachas, ni siquiera del pelo largo. Algunos parecían salidos de “El mundo según Wayne”.
Después había de todo, como siempre. Hasta una nenita (año y medio máximo) sacudiendo su cabeza como la más metalera, vestidita de rosa. Eso, y el de la remera de Almafuerte que estaba a mi lado, que se enojó cuando flamearon las banderas inglesas (bastante ridículo su enfado), fueron los destacados de la noche. Y un Wayne de un solo diente, pero no quiero recordarlo…
Hace tiempo que no la pasaba tan bien en un recital, el público por si solo era un espectáculo, pero además Iron Maiden dio un verdadero show. La escenografía, las versiones de Eddie, incluyendo el robot, el vestuario, todo impecable. Los temas que, a mi juicio, hicieron estallar el estadio fueron Fear of the Dark y Run to the hills. 666 llegó muy temprano y The Trooper puso a los nacionalistas de mal humor.
Y hasta ahí llega mi juicio sobre el recital, ya que soy novata y no quiero arriesgar burradas sobre el tema.
Después tomé el tren, y desembarqué en lo de María, donde recibí aplausos por bizarra. Comí algo (léase: todo lo que encontré a mi paso) y partimos a la fiesta Bizarren. Un asco total, pero todo sea por mi amiga. La fiesta, por supuesto, bizarra como siempre. Entramos sin dificultad, lo cual nos pareció llamativo porque en la semana, como ya les conté, no quedaban entradas anticipadas y City Hall es mínimo.
Mario Sapag, el Susano de Duro de Domar, y Pablito Ruiz, las presencias destacadas. Al salir nos tomamos fotos con unos señores policías y con un pelado que tenía un tatuaje en el brazo que decía “Yésica” en cursiva.
Nuestro estómago quería más comida, y nos detuvimos en el Mc Donald´s para comprar hamburguesas. Como no había (al parecer la carne a esa hora es una decisión del gerente de cada sucursal, y el de Haedo quiere tostados) nos quedamos hablando con el chico de la ventanilla sobre la explotación laboral y cómo en esa empresa te capacitan para ser un incapacitado.
Por eso, cuando venga la Revolución, vamos a socializar la comida de Mc Donald’s, pero sin hacer que los empleados sean infradotados. Es más, podríamos reemplazar a Ronald por Eddie. Y guay que sonrían cuando te dan tu pedido.