Taller- Día 3
Hoy en el taller de escritura, me senté al lado del gallego. Leímos nuestras historias sobre “el monstruo que vivía debajo de la cama”, y descubrí más sobre mis compañeros.
Hay un estudiante principiante de filosofía, porque usa términos que nadie más que ellos usa. Después hay representantes de todas las tribus urbanas: hay un punky con un aro grande en la nariz, que me di cuenta que vive en Haedo porque se bajó del mismo tren que yo. Uno que no sé qué es pero que me da miedo, tiene la cara regordeta pero no es gordo, como si sus facciones estuvieran hinchadas, se viste de negro, usa lentes de marco grueso y tiene el pelo rapado a los costados y lo de arriba largo hasta las orejas, todo inclinado para el lado derecho. Su historia era algo así como una conversación entre Jason y su guionista (dijo el nombre, y debe ser reconocido, pero no lo retuve y no lo voy a googlear siquiera) para debatir la próxima película. Era divertido y a la vez estremecedor, porque decidían que iba a ser un reality… nada más atemorizante que la realidad (se ve que está preocupado por la seguridad…)
Después el hippie, el talentoso, que se parece a Roberto Carlos, una chica tímida pero que en su historia, en vez de ser el monstruo, el malo de la historia era el señor militar que dormía en la cama. Es tímida pero se arriesgó con su historia, y eso me cayó bien.
Una chica que cuando terminó de leer, cortó el relato como con un baldazo de agua fría, levantó la vista con los ojos como dos huevos fritos y lo miró al coordinador, esperando su opinión como si eso fuera lo único que importara.
Hoy también me percaté del joven metalero- fierrero, que además de todo contó una historia muy divertida, bien escrita e interesante.