en la ciudad

July 24, 2009

Problema de conceptos

Filed under: Política — Zur @ 2:45 pm
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Estoy disfrutando de mi desempleo, planchando en el living de mi casa con la tele prendida. En un intento de “informarme”, cometo un error y me detengo en la CNN. Obviamente, estaban hablando de Honduras, en una comunicación telefónica con  uno de los ministros que son parte del golpe. Y entonces la periodista se refería a Micheletti como “presidente interino”. Y a mi la señal cerebral me empezó a hacer interferencia ¿desde cuándo un presidente de facto elegido por un Congreso de facto es un presidente interino? ¿desde cuándo un presidente de facto, que no ha sometido a juicio político al presidente constitucional, puede decir impunemente que “no se ha producido un golpe de estado, sino una destitución y ha calificado de “benevolente” al ejército al expatriar al anterior presidente en vez de llevarle a la cárcel para dar cuenta de sus delitos”?

Por otro lado, no entiendo ¿ahora los Estados Unidos no quieren defender la democracia, como justificaban en el caso de Irak?

Tengo muchas preguntas ¿Alguien me ayuda?

July 16, 2009

LG la fabulosa

Filed under: Uncategorized — Zur @ 2:12 am

Simplemente estaba recordando algunos posts de LG (ciega a citas) muy buenos y decidí compartirlos con ustedes. No es que comparta esta reflexión en su totalidad, aunque tiene algunos tips que me encantan. Los dejo con ella.

Domingos para la juventud

March 17th, 2008 · 158 Comments

Todos los domingos las solteras jugamos al arresto domiciliario. Ya lo conté otras veces. Es un desafío en el que nunca gana nadie. Las jugadoras deben permanecer adentro de sus casas, deprimidas y vestidas con harapos durante todo el día, y la que pisa la calle pierde (en realidad, todas perdemos, pero ese es otro tema).

Se puede hacer cualquier cosa: hablar por teléfono, dormir la siesta, pedir comida grasienta por teléfono, mirar fotos viejas, amargarse o revisarle la casilla de correo a un ex novio. La consigna es no salir de casa y arreglarse con lo que haya o conseguir que alguien lo traiga a la puerta. Aunque tengamos que cenar mermelada vieja o los últimos fideos de ocho paquetes diferentes. La cosa es quedarse encerrada sin ver un sólo rayo de luz ni nada que nos haga bien.

Previsiblemente, cumplir semejante prenda acarrea una dosis importante de angustia. Si estás deprimida o un poco sola, comer fideos moñito al huevo mezclados con tallarines de sémola aliñados con aceite mezcla, no te hace nada bien. De hecho, el broche de oro -que en general es el domingo por la noche- es un descenlace fatal: o terminás abrazada del alcohol, o atiborrada de chocolate berreta, o en la cama de un ex novio, preguntándote cómo hacer para huir y que nunca más te vuelva a llamar.

Yo arranqué tipo cinco de la tarde, tratando de evaluar de manera adulta qué hacer con mi futuro. Pero la adultez me duró lo mismo que el chocolate amargo: cinco minutos.

Empecé a imaginarme qué pasaría si me quedaba con Ezequiel. Pensé que compraríamos una casa en zona norte con pileta y un jazmín del país en la entrada. Que íbamos a tener dos hijos y yo iba a ser editora de una revista muy linda sobre estilo de vida o viajes. Me imaginé que íbamos a tener sexo los domingos, cuando la nena se fuera a hockey y el varón a taekwondo. Que en el día de la madre, Ezequiel les compraría un regalo para mí y me harían a hacer el desayuno. Que yo seguramente me tomaría todos los días alguna pastillita para llegar a la noche tranquila. Que de vez en cuando tendría que parar el auto (lleno de juguetes, zapatos y envoltorios de golosinas) para ponerme a llorar desconsoladamente, sin explicación, sobre el volante. Y que cuando los chicos tuvieran doce y quince años, le metería los cuernos al amoroso Ezequiel con un periodista intenso, desordenado y parco que conocería en la revista. Que él se enteraría por un amigo en común, que odiaría y que yo me odiaría más por haberle hecho algo así después de quince años de perfección. Que mis hijos no hablarían nunca más y que el periodista me dejaría por una secretaria dos meses después. Y que Ezequiel sí me perdonaría, pero que nunca más recuperaría su devota paciencia. Que me miraría, desde ese momento, con los ojos grises, apagados, lejanos de quién deja de querer.

La vida con Matías, en cambio, de aburrida no tendría nada. Probablemente compraríamos un departamento grande y no tendríamos hijos. Al menos no hasta los cuarenta. Viajaríamos y trabajaríamos mucho, seguro. Nos pelearíamos dos o tres veces por semana. Nos revolearíamos libros, nos arañaríamos, y yo le pediría -llorando, con un ataque de nervios- que se vaya. Pelearíamos por todo, pero más que nada porque yo sospecharía que me está metiendo los cuernos con alguna periodista mocosa de su oficina. O también porque yo estaría tomando de más, porque el habría llegado tarde, o porque tendría el celular apagado durante la tarde. Él se iría a dormir al estudio con una colcha, la notebook y una botella de vino y yo le destrozaría algunas remeras lindas o le borraría archivos importantes de la pc. Pero después lo extrañaría, lo iría a buscar, y todo volvería a la normalidad. Tendríamos sexo todo el fin de semana para arreglarnos, saldríamos a comer afuera y volveríamos a casa borrachos y muertos de risa. Pero así y todo, él me engañaría varias veces, pero yo tendría pruebas concretas sólo tres o cuatro veces, y lo perdonaría siempre. A los diez años de convivencia le metería los cuernos yo también, con un compañero de trabajo de veinticinco años, para que le duela en el ego. El se enteraría y lo mataría a piñas, y nos volveríamos a arreglar. Y así hasta que la muerte, mi psicoanalista o una chica más linda nos separe.

Yo sé que las fantasías son fantasías y que esta forma de rumiar suposiciones no me ayuda en nada. Pero la verdad es que el futuro probablemente se parezca mucho a mis conjeturas. Y si es así, si de verdad estas son las os ofertas potenciales que tengo, tengo que asumir que ninguna es la ideal para mí. Ninguna de las dos me calza bien. Son como un par de zapatos que son de tu talle pero te lastiman el talón al caminar.

También puedo pasar. No elegir a ninguno de los dos, y esperar el próximo tren. Me guardo mi cariño tranquilo por Ezequiel y mi fascinación absurda por Matías y me quedo quietita, esperando que pase el tiempo y los recuerdos se disuelvan como pastillitas de jabón debajo del chorro de la canilla. ¿Pero habrá un camino intermedio? ¿Alguien que quiera un hijo solo, por ejemplo?

¿Y si después de esto no viene nada mejor? ¿Si esta es la cresta de mi ola, la mejor de mis oportunidades de ser feliz? ¿Si desde acá para adelante es todo cuesta abajo? ¿Si dejo pasar a los dos (a uno por miedo, al otro por aburrimiento) y esto era todo lo que el destino tenía para ofrecerme? ¿Cómo sé si no estoy siendo caprichosa, exigente, demandante y maricona? ¿Si supiera, por ejemplo, que este es el último domingo que me queda, me quedaría en casa encerrada o me arriesgaría a salir a pasear?

Como no podía saber, decidí hacer algo en el medio; una estupidez. A la una de la mañana agarré el teléfono e hice un llamado imprudente.

LG
¿Te desperté? Sí, soy yo… Sí, yo también me sorprendí.

Otro mundo es posible

Filed under: Uncategorized — Zur @ 1:53 am

En una clara demostración de que la revolución es posible, luego de meses y meses de lucha gremial, finalmente hemos conseguido que nuestros reclamos sean escuchados.

Con la nueva perspectiva, y una visión a colores, los finales serán más felices, la cancha de Morón estará más verde, Chiquita tendrá menos arrugas y Susana estará más delgada.

Señoras y señores: ¡Tenemos tele nueva! Ella es negra, muestra colores y tiene menos de 25 años.

Por eso, y en consonancia con todos los posts sobre la realidad político social del continente, les reitero: La única lucha que se pierde es la que se abandona.-

(quiero aclarar que este post lleva un par de meses encajonado, pero igual sigo viendo mi tele y alegrándome de lo obtenido, así que sigue teniendo vigencia).

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