Ganan como nunca
Incluso con el aumento de retenciones y con los actuales precios
internacionales, la producción agraria mantiene niveles de rentabilidad elevadísimos.
La elevada rentabilidad se tradujo en un extraordinario incremento en el valor de la tierra.
El incremento de las retenciones a las exportaciones de los
principales productos agrícolas y la transformación de su alícuota fija en móvil
refuerzan la desvinculación de los precios internos respecto de los
vigentes en el mercado internacional.
Las retenciones a las exportaciones ya han demostrado su efectividad
como un instrumento insustituible en el combate de la inflación, en un
contexto de alza de los precios externos.
La importancia de esa herramienta se hace más nítida ante los magros
resultados que se observan en el último tiempo con los acuerdos de
precios, muchas veces implementados caricaturescamente.
La necesidad de incrementar los niveles de retenciones queda en
evidencia al observar los precios de los principales cultivos agrícolas
durante los últimos meses.
Con respecto al valor promedio que registraron en 2006 y 2007, en la
actualidad se observa un aumento del 86,9 por ciento en el caso del
girasol, de un 75,7 por ciento en la soja y de un 59,2 y 43,4 por ciento
en el caso del maíz y del trigo, respectivamente.
El precio internacional de estos productos en dólares constantes es
el más alto de los últimos 25 años, con la única excepción del maíz, que
registró cifras similares en 1996.
Como se ha señalado desde las organizaciones agrarias, la aplicación
de retenciones como medida antiinflacionaria tiene como contracara la
reducción de la rentabilidad de las explotaciones agropecuarias.
La amenaza es que podría contraer la producción. Pero este argumento
no es válido en la coyuntura actual: los niveles de imposición vigentes
no la afectan negativamente.
Los elevados precios internacionales, juntamente con el mantenimiento
de una moneda depreciada, han permitido un incremento muy
significativo de la rentabilidad en el sector agropecuario en la
post-convertibilidad, aun con la aplicación de retenciones.
En 2007 se ubicó un 72 por ciento por encima de la registrada durante
la vigencia del plan de convertibilidad.
En este contexto, la elevación de las alícuotas de exportación no
sólo no genera una reducción de los márgenes de rentabilidad con respecto
a los registrados en la campaña 2006/07 sino que, más aún, involucra un
alza del 43 por ciento de mantenerse los precios vigentes.
Estos altos niveles de rentabilidad en el sector agropecuario se han
traducido en un extraordinario incremento en el valor de la tierra,
especialmente en la región pampeana.
Por ejemplo, en 2007 el precio en dólares de la tierra en la región
maicera de la provincia de Santa Fe se ubicó un 171 por ciento por
encima de los valores registrados en el quinquenio 1995-1999.
A comienzos de 2008, los precios continúan evidenciando una tendencia
alcista.
El incremento general de la rentabilidad presenta, sin embargo,
ciertas heterogeneidades al interior del sector.
En este sentido, el aumento de la alícuota de las retenciones podría
afectar la rentabilidad en las pequeñas explotaciones, como
consecuencia de los menores niveles de rentabilidad preexistentes originados en
las escalas de producción más chicas.
No menos importante en cuanto medida adoptada es el efecto de la
ampliación de las retenciones diferenciales sobre la propia producción
agropecuaria, a través de la modificación de las rentabilidades relativas
entre las distintas producciones.
El incremento de las retenciones a la producción sojera eleva la
rentabilidad relativa de otros cultivos, así como de la producción
ganadera.
En el caso de esta última actividad, que mantiene una elevada
rentabilidad absoluta, la mejora de la relativa podría permitir la expansión
ganadera en terrenos antes dedicados a la producción agrícola. Se trata
de un efecto relevante por cuanto podría evitar, en el mediano plazo,
las significativas restricciones en la oferta que han afectado ya el
abastecimiento de los mercados internacionales.
En pocas palabras, el aumento de la alícuota de las retenciones hace
prever una mayor recaudación fiscal, sin afectar negativamente la
producción primaria.
Queda, sin embargo, todavía pendiente un debate acerca de qué se hace
con esos fondos adicionales que ingresan a las arcas públicas.
Esa es la segunda parte de esta historia que no está aún precisada.
Por Nicolas Arceo* y Javier Rodríguez**
* Investigador de Flacso y de Cenda.
** Investigador de la UBA y de Cenda. www.cenda.org. ar