en la ciudad

September 25, 2009

De jarana en jarana

Filed under: Música, libros — Zur @ 12:44 am
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Resulta que los jueves a la tarde (por si a alguno le interesa conocer mi agenda) ando dando una mano por una biblioteca popular de mi barrio. No es mucho lo que hago, pero creo que cubro un espacio que alguien tiene que cubrir, y además me gusta.

En mi horario, la biblio la ocupa también un taller de cuenta cuentos que siempre tiene algún invitado especial, y cuando no lo tiene, igual me deleito escuchando los trucos del cuentacuentista, incluso escuchando cuentos. Y la verdad que lo disfruto. Hoy más que nunca, lo disfruté. Al parecer, hay gente que se dedica a hacer lo que le gusta.

Aparentemente, hay un grupo de mexicanos sueltos en Buenos Aires, que vinieron a contarnos cuentos… ¡como si los argentinos necesitáramos más cuentos! Dejando de lado el chascarrillo, son verdaderamente buenos, y traen un arsenal de material del que nosotros no disponemos (y que yo tampoco sé apreciar porque no conozco el arte de contar cuentos), y otro tanto de ideas para usar como recursos.

Pero para aquellos que no sabemos nada de ese ambiente, no nos queda más que sentarnos a escuchar sus relatos. Y son verdaderamente buenos. Sumado a que son buenos narradores, tienen el plus de esa tonada tan particular y divertida. Recomiendo sinceramente su espectáculo, si tienen la oportunidad o se cruzan alguna vez con un cuenta cuentos, dense la cha nce de escucharlos que seguramente les va a gustar. (si entran acá, tienen todo el cronograma http://encuentrotexturas.blogspot.com/)

Pero los mexicanos no venían solos. Traían una jarana. Y no una jarana cualquiera, sino una jarana que es el instrumento más lindo que vi en mi vida. Estaba hecha de una madera que parecía roble en su color, muy firme y consistente en su apariencia. Pero lo mejor de ese instrumento, es que claramente era una mujer. Su lomo estaba tallado de tal manera que parecía la espalda, con una línea que la divide en dos, representando la perfecta columna vertebral que lleva sigilosamente a uno de los lugares más apreciados de la figura femenina.

Una belleza.

jaraneriotres

February 13, 2009

Lola Lolita

Filed under: libros — Zur @ 1:46 pm
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Ante mi atenta lectura de Lolita, de Vladimir Nabokov, descubro una reflexión inesperada, fuera de contexto, pero casi iluminadora. Nunca había pensado el teatro de esta manera, y nunca nadie me lo había mostrado así tampoco. Igual me parece estúpida la reflexión, pero la reproduzco acá como un reconocimiento al autor por su valentía al osar escribirlo.

Antes del párrafo, una breve introducción al libro (que recomiendo, aunque todavía me restan unas páginas para terminarlo): Humbert Humbert es un psicólogo pedófilo, y Lolita cae en sus garras cuando tiene nueve años. El libro está escrito por él mismo y cuenta toda su historia, como exposición ante el jurado que lo debe juzgar por haberla matado.

Nada más, lo recomiendo, está escrito con un estilo muy interesante, es atrapante la historia, tiene montones de referencias literarias (que por supuesto, en su mayoría descubrí con las notas al pie) y hace descripciones fabulosas (y bastante machistas) de las mujeres. Merece ser leído.

Y va el fragmento:

Detesto el teatro porque lo considero una forma literaria primitiva y despreciable, históricamente hablando; una forma literaria que deriva de rituales de la Edad de Piedra y se basa en la falta de sentido común del común de los mortales, por más aportaciones que haya recibido de genios individuales, como las de los poetas de la época isabelina inglesa, por ejemplo, que el lector avisado sabe separar sin dificultades de la morralla”. Nabokov, Vladimir.

April 18, 2008

Otra que nieve fosforescente

Ya me parecía que esto del humo lo había leído en otro lado. No era la historia de esa neblina fatal de Londres de hace un siglo, ni era el meteorito que mató a los dinosaurios…

Lo vaticinaron Oesterheld y Solano Lopez… este humo es como la nieve fosforescente que da lugar a “El Eternauta”, la pregunta es quién nos está queriendo matar. Ahora estoy releyendo la primera parte de la historieta para ver si encuentro alguna pista que me ayude a descifrar el enigma. ¿Serán los militares? ¿Será que la oligarquía terrateniente se cansó de que haya gente en las ciudades, donde ellos quieren plantar soja, y que por eso nos matan? ¿Serán los brasileros, que quieren plantar girasol hasta en los balcones para abastecer de biodiesel la industria de San Pablo? ¿Será un atentado terrorista yanqui? ¿Serán los vietnamitas? ¿Serán los irakíes? O ¿Será un gil de goma que dejó un cigarrillo prendido en un campo? Extraterrestres no son, de eso estoy segura.

Mientras yo descifro el enigma, les dejo una biografía de Oesterheld, un personaje destacable, eternizado en sus obras. Pero mandado a mejor mundo más rápido de lo que la naturaleza pretendía.

Nació en la Ciudad de Buenos Aires el 23 de julio de 1919. De muy pequeño, como recordaría después, comenzó a leer autores como Stevenson o Salgari, que luego tendrían influencia en su obra.

Cursó la carrera de geología; un trabajo relacionado con la carrera lo llevó por distintos lugares del país. Luego trabajó como corrector en una editorial. Por esta época comienza a escribir y uno de sus cuentos, Truilia y Miltar, fue publicado por el diario La Prensa, en su suplemento literario dominical. En este diario ingresa como corrector.


Los Primeros Guiones

Comienza a trabajar para dos editoriales, Códex y Abril. Escribe artículos de divulgación científica y relatos infantiles. Colabora con la colección Bolsillitos, de la Editorial Abril, y es uno de los creadores, junto a Boris Spivakov y otros, de la revista Gatito y de sus personajes. Para ese entonces había dejado La prensa por un trabajo relacionado con su profesión en un laboratorio de minería. Cuando le encargan la sección de divulgación de la revista Pato Donald, de Abril, decide dejar su trabajo para volcarse de lleno a la escritura.

Cesare Civita, director de Editorial Abril, le propone escribir guiones de historieta. En 1951 se publican sus primeros guiones en la revista Cinemisterio: Alan y Crazy, Lord Commando y Ray Kitt. En este último comienza su fecunda relación con el italiano Hugo Pratt.

El primero de febrero de 1952 aparece su primer personaje importante, Bull Rocket, en el número 176 de la revista Misterix. Se origina en un pedido de Civita, que quería una historieta con un piloto de pruebas. El italiano Paul Campani se hizo cargo del dibujo.

Sargento Kirk, una de las historietas más famosas de Oesterheld, se inició el 9 de enero de 1953. La dibujaba Hugo Pratt y apareció en el número 225 de Misterix.

Kirk es un desertor del 7º de caballería estadounidense. Asqueado de la inútil matanza, sus principios lo hacen renegar de su pasada vida, convirtiéndose en un renegado. El tratamiento innovador dado por Oesterheld a la historia, los valores atípicos y novedosos para el género, convierten a Sargento Kirk en una bisagra, un punto de referencia para la historieta realista.

En el número 297 de Rayo Rojo, también de Abril, aparece El Indio Suárez, el 13 de junio de 1955. La historia de este boxeador fue dibujada por Carlos Freixas.

Sus personajes se vuelven populares, y por estos años escribe guiones para distintas revistas y editoriales, creando historietas y personajes como Tarpón y Doc Carson para Hazañas, El Mescalero para Ases del Oeste, Ray Kent para Códex y, en 1958, Burt Zane y Star Kenton para El Tony, de Columba.

FRONTERA

En 1955 se asocia con su hermano Jorge y edita versiones noveladas de sus historietas más famosas, Sargento Kirk y Bull Rocket. Es el nacimiento de Editorial Frontera. En total se editan nueve de cada una, basadas en sus guiones para historieta, salvo la última de Bull Rocket y las dos últimas de Kirk, con historias originales.

El éxito de los libros decide a Oesterheld a lanzar sus propias revistas de historietas; en 1957 salen a la calle los primeros números de la editorial, en abril Frontera y en mayo Hora Cero, las dos mensuales. Para separarse de Editorial Abril Oesterheld negocia con Civita, éste se queda con Bull Rocket, continuado desde aquí por otros autores, y Frontera con Sargento Kirk.

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Frontera Nº1

Los guiones de las revistas, en más de un ochenta por ciento, estaban a cargo de Oesterheld, algunos firmados con seudónimos como H. Sturgiss o C. de la Vega, mientras que casi todo el resto lo escribía su hermano, que firmaba como Jorge Mora.

Las revistas rápidamente se convierten en un éxito de ventas, el nombre de Oesterheld arrastraba su propio público. Esto los alienta a editar una nueva revista y, muy pronto, sale el Suplemento Semanal Hora Cero, el 4 de septiembre de 1957. En 1958 comienza a publicar los extras, en abril sale Hora Cero Extra y en julio Frontera Extra, al principio bimestrales para luego salir mensualmente.

Ernie Pike

Comienzan a aparecer personajes y series importantes. Como el corresponsal de guerra Ernie Pike en Hora Cero, dibujada en sus inicios por Hugo Pratt, quien lo creó con los rasgos de Oesterheld. Un personaje que tendría muchas apariciones y episodios con su título, generando otras series como Cuaderno Rojo, y que tuvo su propia revista, la colección de Batallas Inolvidables. Pike es un corresponsal de guerra, un testigo, que le permite a Oesterheld contar todo tipo de historias, en las que se filtra el humanismo del autor, dentro del terrible marco de la guerra. Oesterheld se permitía invertir los adocenados tópicos narrativos habituales del género, como presentar alemanes como “buenos”. Oesterheld se preocupaba por el hombre, y en este sentido no hay buenos y malos, sólo víctimas.

Se suceden las historietas, entre unitarios y personajes como Ticonderoga, por Pratt, Randall the Killer, por Arturo del Castillo, Sherlock Time, por Alberto Breccia, Joe Zonda y Rolo, el marciano adoptivo, por Francisco Solano López.

El 4 de Septiembre de 1957, en el primer número de Hora Cero Semanal, empieza la publicación de una de las historietas más importantes de Argentina: El Eternauta, con dibujos de Solano López. La historia de la invasión extraterrestre se extendió hasta 1959, acompañada con entusiasmo por los lectores, y, al concluirse, fue publicada en tres tomos con gran éxito de público. Años después fue reeditada en libro por Ediciones Record con gran demanda, y las reediciones se continúan a lo largo a lo largo de los años. El Eternauta ya se ha convertido en un mito.

A fines de 1959 comienza la decadencia de la editorial. Sus mejores dibujantes comienzan a emigrar o trabajar para el extranjero, donde la paga es notoriamente superior. Las deudas acosaban a Frontera, y el propio Oesterheld diversificó su producción trabajando para otras editoriales. Finalmente, la Editorial Emilio Ramírez, que imprimía las revistas, se quedó con los títulos en 1961 como forma de pago, los que luego pasaron a la editorial Vea y Lea a fines de 1962, que continuó publicándolos hasta 1963.

Para esta época Oesterheld tiene ya cuatro hijas, de su matrimonio con Elsa. Vive en Beccar, provincia de Buenos Aires, donde suele hacer asados a los que invita a sus dibujantes.

Cruzando la frontera

Concluida la aventura de su propia editorial, Oesterheld siguió escribiendo guiones para sus viejas revistas y para otras editoriales.

En 1961 Editorial Ramírez publica una revista de ciencia ficción llamada El Eternauta, la dirige Oesterheld y en ella comenzó a escribir relatos de El Eternauta en sus viajes por el tiempo, para retomar luego la narración donde concluyó la historieta, convirtiéndose en una suerte de secuela novelada, que quedó inconclusa. También escribía los guiones de las historietas nacionales que se publicaban.

En ese año Abril vende sus títulos a Editorial Yago, que relanza Misterix y Rayo Rojo. Oesterheld vuelve a colaborar en las revistas y el 20 de julio de 1962 aparece una de sus creaciones más importantes, Mort Cinder, dibujada por Alberto Breccia para Misterix. Las historias vividas en el tiempo que este personaje contaba al anticuario Ezra Winston se convirtieron en uno de los puntos más altos de la historieta mundial.

Mort Cinder

Para las revistas de Yago creó otras historias, el indio Watami, con dibujo de Jorge Moliterni, León Loco, con Ernesto García, Lord Pampa, de Solano López.

A principios de los 60 las grandes revistas de historietas de la década anterior comienzan a extinguirse, y Oesterheld escribe guiones para nuevas publicaciones, en general de corta vida.

Trabaja también para la editorial Zig ZAg de Chile, creando personajes como Ronnie Lea el muertero o Tornado.

En 1965 dirige Géminis, revista de relatos de ciencia ficción de la que salieron sólo dos números, donde publicó algunos de sus cuentos.

En 1968 Editorial Jorge Álvarez decide publicar una serie de biografías en historieta de importantes hombres de América Latina. Sale un solo número, Che, vida de El Che, con guión de Oesterheld y dibujo de Alberto Breccia y su hijo Enrique. La censura del gobierno retira de la venta el libro y secuestra los originales. Oesterheld y Alberto Breccia habían comenzado a trabajar en la vida de Evita, que no se publicó por la cancelación de la serie.

En 1969 realiza una nueva versión de El Eternauta, trabajando nuevamente con Alberto Breccia, que se publicó en el semanario Gente. Oesterheld modificó el guión, acercándolo a su ideología socialista, mientras que Breccia ya había volcado su carrera a la experimentación en el tratamiento de las historias que contaba. Esto último fue la excusa de la conservadora editorial para levantar la publicación,

argumentando que el dibujo no era lo que esperaban sus lectores. Oesterheld debió abreviar la historia para no dejarla trunca.

Sobre otra invasión escribe en 1970, La guerra de los Antartes, dibujada por León Napoo (el humorista Napoleón) y publicada en la revista 2001. Ese año crea para la revista Top a los personajes Artemio, el taxista de Buenos Aires y Russ Congo. Comienza a trabajar para editorial Columba, guionando varias series que ya se publicaban. En 1973 vuelve a hacer La guerra de los Antartes, para el diario Noticias, pero queda inconclusa.

La última aventura

Ediciones Record

A partir de 1975 Oesterheld escribe todos sus guiones para Ediciones Record. Crea historietas como Nekrodamus, Loco Sexton, Wakantanka o Galac Master.

En 1976 la editorial reedita El Eternauta en fascículos con un gran éxito de público. En diciembre, en el Libro de Oro de Skorpio, se inicia El Eternauta II, nuevamente dibujada por Solano López. Eran tiempos difíciles en Argentina, gobernada por una dictadura militar, y Oesterheld militaba en la agrupación guerrillera Montoneros. Compenetrado con su actividad política, Oesterheld convierte la historieta en una manifestación de su ideología; así, el eternauta se convierte en líder del pueblo oprimido por los invasores y los organiza militarmente para resistir al poderoso enemigo. Esta actitud le valió discrepancias con Solano, quien no compartía sus postulados, por lo que el guión debía ser modificado. Oesterheld, ya acosado por la dictadura, terminó de escribirlo en la clandestinidad.

El 27 de abril de 1977 Oesterheld fue secuestrado por la criminal dictadura militar, desde entonces es uno más de los miles de desaparecidos y asesinados, al igual que sus cuatro hijas.

En el año 2000 el diario Clarín incluyó El Eternauta en su colección La Biblioteca Argentina / Serie Clásicos. Con el Nº 24 figuraba junto a obras como Martín Fierro y autores como Borges, Sábato o Cortázar. De esta manera la obra de Oesterheld-Solano en particular y la historieta en general reciben un importante reconocimiento al ser ubicadas junto a lo más importante de la literatura argentina.

Estampilla del Correo Argentino

Fuentes

Accorsi, Diego, en revista Lo mejor de H. G. Oesterheld, Editorial Columba, 2001.

Cáceres, Germán, Oesterheld, Ediciones del Dock, 1992.

Gociol, Judith y Rosembreg, Diego, La historieta Argentina, Ediciones de la Flor, 2000.

Sasturain, Juan, El Eternauta: tres veces Salvo en El Eternauta, Ediciones Colihue, 1996.

Trillo, Carlos y Saccomanno, Guillermo, Historia de la historieta argentina, Record, 1980.

Libro de Fierro Nº 1, Especial Oesterheld (1952-54), Ediciones de la Urraca, 1985.

(extraido de http://www.historieteca.com.ar/HGO/hgobio.htm)

April 11, 2008

Taller- Día 1

Filed under: Campaña de Cultura General, libros — Zur @ 8:55 pm

El martes he comenzado el taller de escritura. El señor que se para delante nos leyó un (a mi gusto) demasiado extenso cuento como para ser leído en voz alta. Se trata de “La caída de la casa Usher”, un clásico de Edgar Allan Poe.

Esta mañana lo releí, y no pude evitar un estremecimiento. Es realmente un cuento de terror. Les dejo aquí un fragmento:

“… una noche, tras informarme bruscamente que Lady Madeline había dejado de existir, declaró su intención de preservar su cuerpo durante quince días (antes de su inhumación definitiva) en una de las numerosas criptas del edificio. El humano motivo que alegaba para justificar esta singular conducta no me dejó en libertad de discutir. El hermano había llegado a esta decisión (asi me dijo) considerando el carácter insólito de la enfermedad de la difunta, ciertas importunas y ansiosas averiguaciones por parte de sus médicos, la remota y expuesta situación del cementerio familiar. No he de negar que, cuando evoqué el siniestro aspecto de la persona con quien me cruzara en la escalera el día de mi llegada a la casa, no tuve deseo de oponerme a lo que consideré una preocupación inofensiva y en modo alguno extraña.

A pedido de Usher, lo ayudé personalmente en los preparativos de la sepultura temporaria. Ya en el ataúd, los dos solos llevamos el cuerpo a un lugar de descanso. La cripta donde lo depositamos (por tanto tiempo clausurada que las antorchas casi se apagaron en la atmósfera opresiva, dándonos poca oportunidad para examinarla) era pequeña, húmeda y desprovista de toda fuente de luz; estaba a gran profundidad, justamente bajo la parte de la casa que ocupaba mi dormitorio. Evidentemente había desempeñado, en remotos tiempos feudales, el siniestro oficio de mazmorra, y en los últimos tiempos el de depósito de pólvora o alguna otra sustancia combustible, pues una parte del piso y todo el interior del largo pasillo abovedado que nos llevara hasta allí estaban cuidadosamente revestidos de cobre. La puerta, de hierro macizo, tenía una protección semejante. Su inmenso peso, al moverse sobre los goznes, producía un chirrido agudo, insólito.

Una vez depositada la fúnebre carga sobre los caballetes, en aquella región del horror, retiramos parcialmente hacia un lado la tapa todavía suelta del ataúd, y miramos la cara de su ocupante. Un sorprendente parecido entre el hermano y la hermana fue lo primero que atrajo mi atención, y Usher, adivinando quizás mis pensamientos, murmuró algunas palabras, por las cuales supe que la muerta y él eran mellizos y que entre ambos habían existido siempre simpatías casi inexplicables. Nuestros ojos, sin embargo, no se detuvieron mucho en la muerta, porque no podíamos mirarla sin espanto. El mal que llevara a Lady Madeline a la tumba en la fuerza de la juventud había dejado, como es frecuente en todas las enfermedades de naturaleza estrictamente cataléptica, la ironía de un débil rubor en el pecho y la cara, y esa sonrisa suspicaz, lánguida, que es tan terrible en la muerte. Volvimos la tapa a su sitio, la atornillamos y, asegurada la puerta de hierro, emprendimos camino, con fatiga, hacia los aposentos apenas menos lúgubres de la parte superior de la casa.”

La caída de la casa Usher, E.A. Poe

Sé que con este post no suplanto mis días de ausencia.-

March 9, 2008

The Godfather

Filed under: libros — Zur @ 8:16 pm

Terminé de leer El Padrino. Excelente.

March 4, 2008

Los Incompletos

Filed under: Campaña de Cultura General, Viajando, libros — Zur @ 5:34 pm

“Hay más postales y papeles de Féliz, que guardo en una carpeta de tapas amarillas. Por fuera escribí su nombre, y a veces ocurre que al encontrarla de casualidad me asalta una ansiosa amargura, un sentimiento en el que se mezclan la impaciencia por recibir de improviso otro sobre delgado y la decepción de saber que las cartas llegadas hasta ahora son la mínima parte de una situación oculta; una parte, es cierto, que no fue concebida como indicio, como muestra a pequeña escala de una realidad dada, sino como un fragmento que en lugar de señalar busca ocultar, en todo caso confundir, semejante al grano de arena, por minúsculo, que hace olvidar la cantera. Así es como recibo y guardo los mensajes de Féliz, aunque no puedo saber cómo él los manda. Ya dije, soy capaz de imaginarlo mientras elige sin preocupación alguna postal gratuita, apenas distraido cuando la escribe y casa olvidado por completo en el momento de mandarla. En cualquier caso debe mantener un alerta, pienso, un residuo de energía cerebral que le anuncie a su conciencia, en un futuro indeterminado, que de nuevo llegó la hora de remitir otra esquela para anunciar que a primera vista todo sigue en su lugar- una de esas premisas muy generales que respaldan nuestra olvidada existencia…” (Chejfec: 2004)

“Los incompletos” es una obra de Sergio Chejfec de pocas páginas, pero que lleva su tiempo leer. Un amigo despide a otro que va camino a Europa en barco. Con cierta frecuencia, recibe postales que envía desde distintas partes del continente. Como las postales difícilmente descubren algún sentimiento ni algún dato sobre su vida en aquel lugar, H se ve obligado a imaginar.

Una situación de mi vida me hizo compenetrarme más con el libro, justo en el momento indicado. Todas las personas damos datos incompletos a los demás, no hay forma (aunque en vez de postales escribamos extensas cartas) de que se sepa exactamente cómo uno está, las condiciones del lugar en que se encuentra. Así, nos vemos obligados todo el tiempo a completar lo que no nos es dado. Pero a veces, nos sucede que no podemos hacerlo, porque no tenemos la imaginación de H, o porque nos da miedo descubrir.

Estaba yo sentada en el tren, un sábado por la noche, y mientras pensaba en nimiedades, observaba todo lo que estaba a mi alrededor. Velez había jugado de local y así lo demostraba la cantidad de camisetas que se veían, mucha gente regresaba a sus casas después de largos días laborales, otros empezaban su salida de fin de semana. Me sorprendió la cantidad de adolescentes que viajaban, el tren es en general un transporte “para mayores de 18″, por lo menos si no viajan acompañados.

Particularmente, observé los movimientos de tres hermanos de entre 7 y 15 años, nene, nene, nena respectivamente (al menos en apariencia). Se movieron bastante alrededor del vagón, y en uno de los movimientos, el nene grande dejó una bolsa en el estante que hay dispuesto para tal fin. A las dos estaciones se bajaron.

El tren se fue vaciando, hasta que no quedaba gente de pie. Entró un chico con el pelo del lado izquierdo largo y verde y la mitad derecha rapado, se sentó un señor de unos cuarenta años donde antes habían estado los chicos, y unos nenes que juntaban latitas se peleaban y lloraban por un pedazo de hilo del que envuelve la pizza (sin duda ese había sido su anterior uso).

En la siguiente estación, se baja el señor que estaba donde antes habían estado los chicos, y como quien no quiere la cosa, toma una bolsa que estaba en el estante dispuesto para tal fin. Sale del tren con el paquete en la mano. ¿Qué contenía? ¿Sabía él que iba a estar ahí, esperándolo? Y si lo tomó sin saber nada… ¿Tendría forma de devolverlo? ¿Si era así, lo devolvería?

Miles de circunstancias son posibles a partir de la toma de la bolsa ajena, pero no soy capaz de arriesgarme a imaginar ninguna. Es difícil completar.

January 31, 2008

Kierkegaard

Filed under: libros — Zur @ 5:18 pm
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dice:

“Creo que puedo relatar una historia de tal manera que su punto de ironía no se extravíe ni llegue demasiado tarde. Hay que mantener la tensión anímica de los que oyen y, por medio de distintas situaciones, enterarme qué esperan con respecto a cómo seguirán los sucesos; esto me da una gran satisfacción. Tengo que usar dobles mensajes para que sólo tomen uno y de pronto vean que mis dichos pueden tener otro significado; ese es mi gran arte. Si uno quiere tener la posibilidad de acceder a determinados estudios en función de un fin, debe contar con un discurso. Al hablar, se capta el estado de ánimo de los presentes por medio de bifurcaciones, preguntas y respuestas…”

Juan la seduce a Cordelia. Premeditada, paciente y detalladamente. Un sorete.

La seduce con el único fin de dejarla, de enamorarla para siempre. De hacerle creer que es correspondida para luego hacer un gran giro y dejarla desorientada, sola, sin comprender. Y haciendo que su propia mente piense cosas que él provoca que piense, sin que ella lo detecte.

Según mis humildes investigaciones sobre el autor en cuestión, descubrí que él habla de tres etapas en la vida de una persona. De una persona, porque cada uno tiene discernimiento para decidir por sí mismo y crecer, o no. La historia de Cordelia y Juan está en la etapa estética. Quien está allí, solo ve las cosas frívolas de la vida, busca el placer, la diversión en todo. Lo que no es divertido no merece atención. Eso explica por qué él es capaz de seducirla con sólo interpretar algunos patrones comunes en las mujeres, o quizás en la sociedad de su época y en su “arte romántico”.

Luego vendría la etapa ética, kantiana, donde reina el imperativo categórico, el “deber ser”, donde se corre el riesgo de morir de aburrimiento. Kant no se murió de eso, pero puede suceder. No es deseable permanecer allí. Aunque para pasar a esa etapa se precisa un gran discernimiento, un crecimiento personal. Sólo el que lo posee, el que busca algo más de su vida, puede saltar. Siempre va a ser mejor ser ético que estético.

Por último, la etapa religiosa. Kierkegaard era cristiano.

January 10, 2008

Clockwork Orange

Filed under: libros — Zur @ 9:41 pm
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naranjameca.jpe

En el prólogo, el autor bardea a Kubrick y al editor estadounidense del libro por quitar el último capítulo de la película y de la edición yanqui, respectivamente.

Entiendo la justificación, pero ¿era necesario? No les voy a contar el final, aunque debo decir que me alegra el corte que hizo Kubrick (no opino lo mismo del editor, sacarle un capítulo al libro es mutilarlo), enfatiza el aspecto político de la historia y deja de lado el psicológico. El final de Burgess decepciona. Dejo de escribir porque se me voy a tentar. No es que les diga demasiado si les paso el dato, pero es más interesante la intriga.

December 23, 2007

Marxista

Filed under: Misceláneas, libros — Zur @ 5:48 pm
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“Los alimentos que se recomiendan actualmente son tan apetecibles como una dieta constante de papel secante. Los huevos son veneno y la gente rica que normalmente desdeñaba la margarina se relame ahora los labios como si fuera algo digno de comerse.

Anoche tomé la típica cena libre de colesterol: calabaza hervida, leche descremada y gelatina. Estoy seguro de que esto no me hará vivir más tiempo, pero creo que la existencia me parecerá más larga.”

Groucho Marx en “Memorias de un amante sarnoso”

December 10, 2007

La bodega

Filed under: libros — Zur @ 7:10 pm
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    De los varios libros que compré para ganarle la partida a las cremas, ya leí uno y voy por la mitad de otro. El que ya leí se llama La Bodega, de Noah Gordon. Cuento la historia de cómo llegué a él. Cuando tenía 13 o 14 años, mi papá me regaló uno de sus libros: “El médico”. Es una novela histórica (como todas las que escribió) de un cristiano que se hace pasar por judío en el siglo XI, hasta llegar a una escuela Persa de medicina. Lo genial es la descripción de la caravana en que viaja, las formas de vida, todas las costumbres que tiene que aprender para hacerse pasar por judío, los relatos sobre la ciencia en esa época, la forma de investigar, las causas de muerte más frecuentes, etc. ¡No puedo creer que me acuerde todas esas cosas, lo leí hace casi 10 años! Cuestión, que es un libraco gigante, y yo era pequeña, pero me atrapó muchísimo, en especial por los detalles históricos y la forma en que te hace sentir adentro de la historia. Después de ese, leí uno a uno el resto de sus libros. Hacía años que no sacaba nada, y ahora apareció este.

De todos, es el menos interesante en cuanto a lo histórico, pero más emotivo. Creo que el autor va perdiendo fuerza. La historia es en España en el siglo XIX, un joven que vive en un pueblo (para empezar, el pueblo no existe en la realidad y eso ya me cayó mal) donde la mayoría son pequeños agricultores con viñedos que solo sirven para hacer vinagre. Pero él, escapando de la guerra carlista, llega a Francia y aprende a hacer vino de calidad. Cuando vuelve a su tierra… buen, ya todos se imaginan. No tiene sorpresas, pero es atrapante igual.

El que estoy leyendo ahora es de Alan Pauls. Lo termino y les cuento.

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